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11 Dic 2017

Emprendimiento social y TIC: así surge ‘Mi Olivo’, el primer aceite virgen extra de categoría “Responsable” que se produce en España


El emprendimiento social es uno de los fenómenos con mayor impacto que ha generado la economía digital. En España existen multitud de proyectos y hoy, en unblogenred.es, nos hemos querido acercar a uno de los más emblemáticos: apadrinaunolivo.org. En él, las TIC sirven como herramienta para alcanzar beneficios sociales tan loables como recuperar el campo, evitar la despoblación y fomentar el empleo, entre otros.

El proyecto tiene su origen en la localidad turolense de Oliete, donde hoy por hoy viven alrededor de 300 vecinos cuando antaño, antes de la intensa despoblación registrada en toda la zona, eran más de 3.000. Oliete se encuentra dentro de la denominada “Laponia del Sur”, una amplia zona geográfica que abarca parte de las provincias de Cuenca, Guadalajara, Soria y Teruel, con un índice de población inferior a 3 habitantes por kilómetro cuadrado. El nombre del pueblo procede del latín olivetum, que significa “olivar” y cualquiera que se acerque a este rincón de la comarca aragonesa de Andorra-Sierra de Arcos comprenderá por qué. Lo envuelven 100.000 olivos centenarios, algunos de hasta 500 años de antigüedad, cultivados en bancales.

La marca ‘Mi Olivo’ es el último paso de una idea que germinó en el Campus Party Europe 2013 de Londres. Hasta allí viajó Alberto Alfonso, preocupado por el inquietante destino que le aguardaba al olivar de Oliete, de inmenso valor ecológico. La mayoría de los árboles, de la raza manzanota y empeltre, se encontraban en estado de abandono desde hacía 40 ó 50 años, con la base del tronco cubierta de ramas sin podar, lo que acaba provocando el agotamiento del árbol y finalmente su muerte.

Durante el evento londinense, Alberto conoció a Adrián Martín y Pablo García-Nieto, dos ingenieros informáticos que competían con sus proyectos TIC. Cuando les explicó su idea de recuperar los olivos, se comprometieron a contribuir en la búsqueda de una fórmula de emprendimiento social que, a través de las TIC, culminara en la revitalización de este emblemático olivar turolense, e implicaron a un cuarto socio, José Alfredo Martín, consultor y hermano de Adrián.

En 2014 la idea tomó cuerpo mediante la creación del portal apadrinaunolivo.org y la asociación sin ánimo de lucro que lo soporta. Esta plataforma permite apadrinar un olivo olvidado, en estado agónico, devolverlo a la vida y hacerlo nuevamente productivo. Tras poco más de tres años y mucho trabajo, el proyecto ya cuenta con 2.100 padrinos –todos ellos miembros de la asociación–, más de 5.000 olivos recuperados y una marca que ofrece el primer Aceite de Oliva Virgen Extra de categoría “Responsable” que existe en España.

Los padrinos, a través de la web o de una aplicación móvil, tienen geolocalizado su árbol, que además lleva en el tronco un código QR que lo identifica. Todos los meses pueden acceder a imágenes e informes sobre su avance y situación. Los ejemplares se podan, abonan y vuelven a ser recolectados; los campos se desbrozan y labran, y el paisaje retorna a sus condiciones de antaño.

“Nos gusta calificar el aceite que producimos en el olivar de Oliete como “Responsable” porque cumple la triple “S”: solidario, porque se elabora gracias a la contribución de los padrinos; social, porque da empleo a la gente del pueblo y a jóvenes con discapacidad intelectual y en exclusión laboral, y sostenible, porque es ecológico y contribuye al mantenimiento del campo, el paisaje y la biodiversidad”, explica Alberto Alfonso.

Aquella idea de Londres ha evolucionado tanto que hoy este proyecto de emprendimiento incluso cuenta con su propia almazara industrial, donde también se produce el aceite de otros agricultores de la zona, y una plantilla de 8 empleados, que coordina José Alfredo, el único de los cuatro fundadores que se dedica a ‘Mi Olivo’ a tiempo completo. El resto impulsa la marca de forma altruista, con el tiempo libre que les queda de sus otros trabajos en departamentos de telecomunicaciones de grandes empresas.

Para ponerlo en marcha fue fundamental contactar con los herederos de estas tierras y rubricar un acuerdo de custodia del territorio por diez años, ampliable, que les permite dedicar el primer lustro a recuperar los árboles. A partir del 6º año, entregarán el 10% de la producción a los propietarios, que de esta forma podrán volver a disfrutar de un aceite de oliva que surge de su propia tierra.

Los padrinos, por su parte, reciben, además de los informes puntuales, dos litros anuales. Abonan 4 euros al mes y muchos escogen suscripciones anuales como regalo para familiares, con motivo de un nacimiento, etcétera.

En cuanto a los empleados, tal y como señala Alberto, “algunos son del pueblo y otros llegan de la mano de Atadi, una agrupación provincial de asociaciones de personas con discapacidad intelectual. También ha venido una familia de fuera, cuyos hijos, con su presencia y escolarización, han impedido que se clausure el colegio de la localidad, que era inminente por la escasez de alumnos. Somos los mayores empleadores de Oliete”, añade Alberto.

A los beneficios de la recuperación del campo se suman otros inesperados, como el desarrollo económico de la zona, con la llegada de 500 padrinos cada año, que acuden a visitar su olivo, conocer in situ la iniciativa y, ya de paso, hacer turismo por el entorno.

“Mi Olivo’ es un buen ejemplo de que a través de las TIC puedes conectar el mundo rural al mundo urbano, aportarle un valor añadido y generar nuevas experiencias que contribuyen a su recuperación”, apostilla Alberto.



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