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02 Mar 2018

Los cinco niveles de la conducción autónoma y la situación actual de la industria


A la hora de hablar de innovación tecnológica una de las áreas de trabajo con mayor potencial de transformación social y económica es la conducción autónoma. Para comprender qué implica la posibilidad de que los coches circulen sin necesidad de que alguien los conduzca, hay que aplicar una visión amplia, más allá del confort y un mejor aprovechamiento del tiempo. Atañe a la seguridad vial, al medio ambiente, la industria del motor, la economía colaborativa y hasta el sentido de la propiedad. Un fenómeno que abre un horizonte muy extenso de posibilidades y nuevos paradigmas.

 

Sin embargo, ¿qué es exactamente un vehículo autónomo? ¿En qué punto se encuentra esta industria hoy en día? ¿Cuántas décadas se estima que faltan para que el coche autónomo esté plenamente extendido? ¿Cómo se puede impulsar esta industria? Hoy, en unblogenred.es, tratamos de responder a estos interrogantes.

 

Conviene empezar aclarando qué es un coche autónomo y para ello lo mejor es recurrir a la clasificación que hace, a este respecto, la Sociedad Internacional de Ingenieros de Automoción. Establece cinco niveles en la conducción autónoma, que son los siguientes:

 

Nivel 0: Sin automatización. La conducción autónoma no existe. Es realizada íntegramente por un conductor.

 

Nivel 1: Asistencia al conductor. El vehículo está equipado con alguna solución que proporciona asistencia al conductor, a través de determinados sistemas de automatización. Por ejemplo para el movimiento longitudinal, el control del movimiento lateral o ambos. El sistema no es capaz de detectar y responder ante obstáculos o eventualidades. Así que el conductor, en definitiva, sigue obligado a estar plenamente atento a todo lo que sucede.

 

Nivel 2: Automatización parcial de la conducción. El vehículo está equipado con sistemas de automatización de la conducción tanto para el control del movimiento longitudinal como lateral. La persona no tiene que realizar tareas relativas al movimiento, pero la tecnología del vehículo, aunque puede detectar y responder ante objetos y eventualidades, no lo hace de forma completa. El conductor debe seguir desempeñando esa función.

 

Nivel 3: Automatización condicionada de la conducción. A los sistemas de automatización de la conducción a nivel longitudinal y lateral, se suma un sistema de detección y respuesta ante objetos y eventualidades de manera completa. Pero el usuario debe estar preparado para intervenir si el sistema lo solicita o se produce un fallo, de forma que en ese instante la conducción pase a modo manual.

 

Nivel 4 – Automatización elevada de la conducción. Los sistemas de automatización de la conducción, detección y respuesta ante objetos y eventualidades ya son completos. El usuario no tiene que estar preparado para intervenir porque el sistema dispone de otro de respaldo ante cualquier situación. Sin embargo, existen limitaciones por condicionantes externos (por ejemplo, condiciones climatológicas adversas), que pueden hacer que el vehículo no pueda continuar y su avance, en un determinado recorrido, se paralice. En este nivel 4, la figura del conductor ya desaparece.

 

Nivel 5: Automatización completa de la conducción. No hay condiciones específicas de ningún tipo que paralicen la conducción y no se requiere tampoco de conductor.

 

Aunque en el fenómeno de la conducción autónoma hay múltiples empresas del sector involucradas, la realidad es que su mayor desarrollo está vinculado a compañías tecnológicas. Existen, por tanto, dos tipos de agentes que interfieren en este proceso de innovación.

 

La industria tradicional del automóvil, por su lado, mantiene un plan evolucionista hacia la conducción autónoma. Para ello, mejora gradualmente la tecnología y va incorporando prestaciones que, por ejemplo, mejoran la seguridad y permiten las comunicaciones entre vehículos. Trabajan, en definitiva, nivel a nivel.

 

En el lado opuesto se sitúan las tecnológicas, con una estrategia mucho más revolucionaria. Ahí figuran, por ejemplo, Google, Uber y Tesla, que en lugar de pasar por los tres niveles primarios, en los que se requiere conductor, se centran exclusivamente en los niveles 4 y 5, donde ya se prescinde del piloto humano. Su objetivo no es generar productos con mayor confort y calidad, sino llevar Internet al vehículo y transformar por completo la conducción a todos los niveles: organización y gestión del tráfico, modelo comercial, etcétera.

 

Esta segunda visión trata de transformar el mercado del automóvil y abandonar el concepto de producto de lujo o símbolo de estatus social por una nueva filosofía relacionada con el concepto de servicio de transporte, que ya no requiere de compra, sino de contrataciones puntuales adaptadas a las necesidades personales de los consumidores.

 

Como ejemplo del avance de los coches autónomos puede citarse el equipamiento de serie que, desde 2016, ya incluyen los coches Tesla. Disponen de ocho cámaras de visión esférica y doce sensores ultrasónicos, además de un radar frontal. Cuando el software necesario para la conducción autónoma plena esté a punto –es el cimiento que falta–, estos vehículos estarán listos para funcionar como autónomos de nivel 5. Esta funcionalidad llevará, sin duda, a notables cambios de diseño. Por ejemplo, la desaparición del volante o los pedales, o la redistribución de un espacio que ya no exigirá que miremos hacia delante.

 

Google, asimismo, lleva desde 2009 investigando esta tecnología y comenzó a desarrollarla con coches fabricados por compañías tradicionales, para pasar, desde 2015 a recorrer las calles con sus propios prototipos.

 



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