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19 Nov 2014

Una vida extraordinariamente grata


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Continuamos la serie de colaboraciones en este blog con Rosa Poo Espinosa, fundadora de EmprendeKIDS, un programa educativo para el fomento de la cultura emprendedora, de ámbito nacional, dirigido a niños y jóvenes de 9 a 16 años.

El mundo de los niños es tecnológico, pero no solo tecnológico.

Cuando le preguntas a un niño qué quiere ser de mayor, los más pequeños responden con ideales concretos, próximos, y no hacen un recorrido mental expositivo de cómo llegarán a ello.

A los 13 años te encuentras con respuestas del tipo: arquitecto, estudiaré en Londres y luego regresaré para trabajar y formar mi familia aquí y hacer algo por los demás. Los niños se ven  aportando valor a otros en cuanto estuviera en sus manos.

Si les preguntamos ¿Cuál es tu sueño? Tardan en responder, no lo han indagado, y parece que no es lo mismo que a qué se dedicarán de adultos.

Algunos el aprendizaje lo empiezan a ver fuera, un aprendizaje integral que se les antoja más enriquecedor en otro lugar.

España se les hace excesivamente tradicional, un entorno donde ya les parece que no están expuestos a vivencias y experiencias motivadoras, donde creen que no van a encontrar estímulo. ¿Podríamos decir entonces que intuyen que una educación diferente requiere de escenarios diferentes?

Pongamos una especial atención al desarrollo de sus propias habilidades en lo emocional, creativo y social. Necesitan retos, desafíos donde puedan descubrir y desplegar todas sus capacidades, que sientan que su talento puede ponerse al descubierto  y ser compartido. Los jóvenes están requiriendo un aprendizaje realmente significativo, que les lleve a formarse como seres integrales y emocionalmente hábiles.

Algún día es posible que las escuelas se abran, se extiendan por el pueblo, la ciudad, la provincia, el mundo, como algo líquido. Quizá abandonen por algún tiempo las paredes blancas, las mesas y sillas verdes, cuadradas, el recinto cuadrado, puertas cerradas… y se conviertan en lugares más dinámicos y menos rígidos. Un lugar donde profesores y alumnos motivados aprendan y compartan proyectos novedosos y creativos.

El gran fracaso

Si se sigue educando en el miedo al fracaso crecerán con limitaciones como el temor y la vergüenza. ¿Nos seguimos preguntando por qué es tan minoritario el deseo de ser emprendedor entre los jóvenes?. Se aprende haciendo, agarrando con el temor justo el ensayo-error, en un entorno flexible que acoja el fracaso como un proceso necesario y no como una señal de insolvencia.

¿Sólo conocimientos?

Se sigue instalado en la valoración individual y por demostración de adquisición de conocimientos a través del examen. La sociedad se va a mover por habilidades, competencias y recursos personales, destrezas que marcarán a favor o en contra en su vida social, académica y luego profesional. Más importante que estudiar chino es que se sientan capaces de afrontar la vida y querer seguir aprendiendo toda su vida.

La creatividad es lo que necesitan para sobrevivir

Todavía recuerdo el rato de silencio que se hizo cuando un profesor preguntó a los alumnos ¿porqué una silla tiene que tener 4 patas?

Pensar de manera disruptiva debería ser una asignatura. El pensamiento crítico y creativo debería ocupar un espacio relevante en la educación.

El motivo es la felicidad

Lo de estudiar para tener un trabajo mejor es minimalista. Uno tiene que aprender para disfrutar, y eso está ligado a una formación que les dote de flexibilidad para elaborar su propia resistencia, que les haga capaces de afrontar la incertidumbre y competentes frente a las exigencias de la sociedad que les toca vivir.

Tenemos que enseñar a los niños a que orienten sus recursos a buscar sobre todo la felicidad, que su vida en este entorno les sea extraordinariamente grata.



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